Barcelona, Perú y una aplicación de citas

Me subí al autobús y mientras pagaba empecé a pensar.  ¿Me ha facturado? ¡Creo que me ha facturado! ¿O no? ¡No lo sé! ¡No entiendo lo que ha pasado! Y de inmediato, mi cabeza empezó a darle vueltas a la situación.

Lo había conocido hacía unos días en una aplicación de citas, era de Perú pero hablaba y escribía un catalán perfecto. Tal vez, incluso, mejor que yo. Habíamos hablado un par de veces por teléfono. Yo aún no tenía claro si me gustaba. Él Había insinuado varias veces que estaba buscando una pareja para vivir con ella, para llevarle a comprar ropa, para poder cuidar de ella… y yo tenía claro que no quería una relación tan seria. Sin embargo, él había insistido que este tipo de relación vendría con el tiempo y siempre que los dos quisiéramos.

Quiso quedar conmigo para conocernos en persona. Decía que le gustaba mucho, y yo acepté. Me había dicho que le gustaba bailar, que incluso había sido profesor de baile, y esto le había dado muchos puntos. ¡Me encantaría encontrar a alguien a quién le gustase bailar tanto como a mí!

Quedamos en el barrio de Gracia, después de mis clases de salsa. Ya era casi de noche cuando nos encontramos. En plena crisis del coronavirus no era el momento de compartir cenas ni mucho menos pasar demasiado tiempo con extraños, por lo que la propuesta era dar un paseo por el centro de Barcelona.

Mientras paseábamos me di cuenta de que cuando hablábamos no nos entendíamos. Conversábamos y no seguía el hilo de mi conversación. Contestaba sin sentido e intercalaba un tema que no tenía nada que ver con lo que acabábamos de decir. En dos ocasiones traté de retomar el tema de la conversación, pero él parecía que no escuchaba. Insistió e insistió en contarme todo lo que hacía, sus proyectos, cómo se cuidaba y que comía. Tampoco me gustó su forma de caminar.

¿Profesor de baile? No sé…

Decidí seguir caminando con él, no me gusta rechazar a nadie de inmediato, no se puede conocer a nadie en 10 minutos, pero cada vez estaba más claro que no era el tipo de hombre que yo estaba buscando.

Estábamos llegando a la plaza Urquinaona, y empezamos a despedirnos. Él tenía que coger el metro, pero se ofreció a acompañarme hasta la parada del autobús. Inmediatamente llegó el 47, el autobús que me llevaba a mi barrio. Me despedí y él contestó: «Qué te vaya muy bien».

Me subí al autobús, pero no me di cuenta de lo que había pasado hasta que marqué el viaje. Al poner la tarjeta en la máquina mi pensamiento me llevó al momento en que nos despedimos, y luego me di cuenta de que se ha despedido de mí, para siempre. Con pocas palabras se había despedido de mí. Me senté, abrí la aplicación de citas y vi que ya estaba conectado. Ni siquiera había tenido tiempo de cruzar la calle hasta el metro y ya se había conectado.

Sí, había sido una despedida.

«Pero ¿Qué se ha creído? ¡Ni siquiera ha sido capaz de despedirse! ¡Qué grosero! Pero… Pero… ¿Qué ha pasado? ¿Por qué no le he gustado?  Si decía que le gustaba mucho.Tal vez sea la foto que tengo en la portada de la aplicación. En esa foto estoy demasiado bien, además de que ya ha pasado más de un año y llevo mucho tiempo queriendo cambiarla. Estoy segura de que cuando me ha visto en persona se ha sentido defraudado, engañado y no le he gustado. Tengo que cambiar la foto. ¡Ostras! Pero no tengo ninguna foto mía para cambiarla, ¿Y ahora que lo hago? Uff.»

De repente me di cuenta de lo que estaba haciendo y volví a mi mundo interior, que últimamente parece estar más tranquilo. Me di cuenta de que no me había gustado y que yo tampoco quería volver a verlo. De hecho, me había hecho un favor. Entonces ¿por qué me había sentido tan mal en lugar de sentirme liberada? ¿Por qué me enredé en mis pensamientos repetitivos, negativos y tóxicos? ¿Cómo podría bajarme de esa rueda que tenía en mi cabeza?

Llegué a casa y entré en la aplicación de citas para eliminar de inmediato la foto principal del perfil, en la que consideraba que estaba demasiado guapa.

Mientras cotilleaba en la aplicación sonó el móvil. Era Laura, que quería saber cómo había ido la cita.

Te han herido el orgullo ¿Verdad? Exclamó entre risas. ¿Todavía no sabes que no puedes gustar todo el mundo?

Ese comentario no sentó nada bien, pero me hizo pensar. Si hacemos una reflexión superficial lo explicamos todo de manera simple y sencilla, todo empieza y termina con el orgullo. Pero ¿Se trataba realmente de orgullo?

Vivir pensando que no puedes gustar a todo el mundo es un gran principio para empezar a vivir mejor, ayuda a tu autoestima. Cuando te das cuenta que no le puedes caer bien a todo el mundo, dejas de sentirte mal cuando no le gustas a alguien, porque sabes que no eres tú, sino que simplemente es así.

Sin embargo, esa no era la única creencia que se escondía debajo de la rueda de pensamientos. Una gran estrategia para seguir el camino de la autoconocimiento y empezar a vivir mejor, es darnos cuenta de cómo pensamos, y en realidad mis pensamientos me estaban mostrando otra creencia, debajo de la capa del orgullo. Había borrado la foto del perfil, esa foto del año anterior donde pensaba que estaba demasiado guapa y que no encajaba con la realidad. ¿Qué se escondía detrás de este pensamiento?

No me llevó mucho tiempo darme cuenta que el mecanismo que se me había sido disparado era creer que podía engañar a alguien, ese exceso de sinceridad que va conmigo y que aún no he descubierto a qué creencia se aferra. En ningún momento pensé que no le había gustado, o si, pero que lo más me preocupó fue pensar que podía haber defraudado a la persona por no ser como él pensaba que era. ¡Cómo si yo pudiese controlar los pensamientos de los demás!

Qué mal hábito pensar por los demás, pensar en lo que ellos piensan o creen. Como si no tuviésemos suficiente trabajo en saber lo que pensamos nosotros mismos.

Quizás las cosas nos irían mejor si todo ese tiempo que dedicamos a deducir lo que piensan los demás o a pensar por qué hacen lo que hacen lo invirtiéramos en saber por qué actuamos o cómo pensamos nosotros.

Cuando mi cabeza se fue calmando, el mecanismo de defensa se desactivó y  fui capaz de dejar pasar los pensamientos que iban llegando, como estaba aprendiendo a hacer últimamente. Pero llegó un pensamiento y lo cogí al vuelo, él y yo habíamos hablado varias veces por WhatsApp y en mi perfil había una foto que  me había hecho hacía poco más de un mes. Él ya me había visto como era ahora. Estaba claro, todo habían sido paranoias mías.

Probablemente no le había engañado simplemente no le gusté. Y no puedes gustar a todos el mundo, quizás es mejor empezar por gustaste a ti misma.

Creo que descansaré de la web de citas por unos días – pensé.

¿Has observado qué pensabas mientras leías la historia? ¿Has juzgado a la protagonista? ¿Has pensado que tú hubieses hecho otra cosa o simplemente no has entendido el porqué de su actuación? Te invito a que observes tu pensamiento y si quieres lo compartas conmigo en los comentarios. La semana que viene colgaré un video explicando un poco más.cabeza

6 pensamientos sobre “Barcelona, Perú y una aplicación de citas”

  1. Yo me he sentido identificada. Hubiera pensado: porque no gusto a nadie? Que hay de malo en mi???????
    Pero es como dices, NO LE PUEDES GUSTAR A TODO EL MUNDO. Eso es imposible!!!!!

    1. Gracias por tu comentario! Cada persona responderá según sus creencias. Con esta historia me gustaría compartir dos aprendizajes, uno es que te des cuenta que tu respuesta es solo tuya, por qué nace en tu manera de pensar. Cuando esto sucede intenta pensar que hay en ti que hace que te sientas mal. A medida que vas viendo tus pensamientos vas encontrando tus patrones y eso te llevará a tus creencias. Entonces, podrás liberarte de ellas. Lo iremos viendo en otras historias.
      El segundo aprendizaje es el que muy bien has repetido: no podemos gustar a todo el mundo, solo hay una persona a la que debemos gustar, a nosotros mismos.
      Un beso

  2. A mí me surgen varias preguntas y tú pq fuiste a la aplicación de citas cuando subiste al autobús?? Pq te enfadaste con él si tú hiciste lo mismo?? o era un reflejo de un espejo y te enfadaste contigo misma??

    1. Gracias por comentar, Albert! Me encanta tu reflexión! Nuestra protagonista entró en la web de citas en el mismo momento que él, y al verlo conectado le sirvió para reafirmar que no le había gustado. Tenía claro que él no le gustaba y aún así se sintió mal cuando él la rechazó. Esta es la reflexión que quiero compartir en esta historia. ¿Cuántas veces en nuestra vida entramos en bucle sólo por hacerle caso a nuestro ego, sin pensar en lo que en realidad está sucediendo? Lo importante es que a ella no le gustaba él, lo demás, ¿Qué importancia tiene? ¿Por qué malgastar nuestra energía pensando porque no le hemos gustado a alguien o lamiendo nuestras heridas, cuando en el fondo, esto solo es un juego del ego que al final nos lleva a desbórdanos.

  3. Primero decirte que me ha encantado la historia, a continuación, intentaré contestar a todas las preguntas por orden.
    ¿Has observado qué pensabas mientras leías la historia? Si he estado pensando en que muchas de las cosas que le pasaba a la protagonista, también se podían aplicar a mi mismo. Muchas veces suelo empatizar demasiado. Involuntariamente tiendes a empatizar y a veces uno se olvida de lo que tu realmente quieres, no de lo que quieren los demás.
    ¿Has juzgado a la protagonista? Es inevitable juzgar a la protagonista y intentar comparar su forma de hacer y de sentir con los tuya. Personalmente creo que es sano no tiene nada de negativo.
    ¿Has pensado que tú hubieses hecho otra cosa o simplemente no has entendido el porqué de su actuación? En el hecho de la foto del perfil, yo si que simplemente no hubiese hecho nada, pienso que si ella está contenta consigo misma y además se ve guapa tiene que aprender a gustarse, sino no puede gustar a otra/s persona/s. Por lo demás, se auto formula preguntas continuamente, preguntas que cualquier persona se puede hacer después de una cita.
    Me hace gracia que durante la cita la protagonista le encuentra algunos defectos al chico, lo más normal es no volver a quedar, pero cuando es ella la que se siente rechazada como que se siente dolida.
    Lo que yo habría hecho es no darle tantas vueltas, al fin y al cabo fuera de esa despedida y de la sorpresa de la app, dudo que ella hubiese vuelto a volver a quedar.

    1. Gracias Jordi por tus comentarios! Has hecho una buena reflexión, observa tus pensamientos y poco a poco descubrirás un patrón en ellos. Vemos en los demás lo que se refleja en nosotros. Espero que estas observaciones te ayuden a mejorar tu día a día.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Responsable: Gemma Jodas Farrés
Finalidad: La finalidad de la recogida y tratamiento de los datos personales es para gestionar la consulta que realizas en este blog.
Legitimación: Tu consentimiento explícito de que quieres recibir esta información
Destinatarios: Los datos que me facilitas están en mi servidor de web y email OVH y en los servidores de Google Drive, todos ellos que cumplen con la RGPD
Derechos: Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en info@desbordadasanonimas.com así como el derecho a presentar una reclamación ante una autoridad de control.