Control descontrolado

    Me despierto sin que llegue a sonar el despertador, faltan solo 10 min para la hora, ¡Está bien! Me siento descansada y puedo desperezarme antes de que llegue el momento de levantarme. Hoy va a ser un día lleno de actividades, pero si todo sale como está planeado no voy a tener que estresarme.

    Me levanto, me ducho y desayuno, tengo una reunión temática a las 9h, así que podré tomarme el café con calma antes de empezar.

    A las 10h 30 min tengo rehabilitación, el centro está a 15 min andando de mi casa. La reunión no debería durar más de 1h, así que tengo tiempo de sobras. Además, si sucede algo, puedo coger el autobús en la puerta del centro y llegar en 5 min a casa.

    Por último, tengo una reunión a unos 20 km de casa a las 12h 30 min. La rehabilitación dura 30 min, o sea que a las 11h 30 min puedo estar sobradamente en el aparcamiento de mi casa para coger el coche. De esta manera dispongo de 1h para hacer un trayecto de 20 min. En realidad, no hace falta que llegue a la reunión y no va a pasar nada si llego tarde. Mi compañero está avisado, todos saben que tengo médico y está todo preparado por si no llego a tiempo.

    Así que, todo controlado.

    A las 9h en punto empieza la reunión y en 50 min la liquidamos, así que me sobran 20 min que voy a aprovechar para contestar algunos correos y tomarme otro café. Tengo tiempo de sobras.

    Cuando me dispongo a salir llaman a la puerta. Es el cartero, trae una carta certificada. Como tiene que subir al piso, mientras espero el ascensor voy preparándolo todo para salir de casa. Por fin llega, le firmo los papeles y le digo mi DNI. ¿Por qué le cuesta tanto? ¡Qué lento va! Recojo la carta, mientras voy pensando, que me hará llegar tarde.

    Salgo de casa a paso rápido, ¡ostras que calor que hace! Tengo el tiempo justo para llegar, así que acelero todavía más el paso.

    Llego a rehabilitación bastante acalorada, justo es la hora. ¡En punto! He llegado bien ¡Menos mal!

    Hoy el terapeuta me hace una sesión diferente, quiere probar unos ejercicios nuevos para ver si me van mejor. Y mientras él va haciendo pruebas, el reloj va corriendo, no paro de mirarlo. ¡Vaya! ¿Tenía que ser hoy? Siempre acabo en 30 min y hoy he estado 45 min. ¡Qué mala suerte!

    Acabo la sesión y me marcho pensando que será mejor que coja el autobús, no quiero estresarme y siento que empiezo a ponerme nerviosa.

    Llego a mi edificio y subo a casa para coger el portátil e ir al lavabo. ¡Suena el móvil! ¿Dónde está? Ahora no sé dónde lo he dejado. Por fin lo encuentro y veo que es un número largo. Descuelgo deprisa, me parece que es del hospital, ¡espero que no cuelguen!

    Por suerte, llego a tiempo. Me llaman para darme cita. Un momento, necesito encontrar lápiz y papel para apuntar. Anoto la cita y cojo las cosas para marcharme. Ya son las 11h 35, solo voy 5 min tarde sobre la hora prevista.

    Bajo al parking, subo al coche y me dirijo a hacer el mismo recorrido de siempre para coger la ronda.

    ¡Está cortada! ¡La calle está cortada! Hace días que veo distintas calles cortadas en el barrio, parece que están limpiando el subsuelo, pero ¿Precisamente tenían que cortar esta calle hoy? ¿En este momento? ¡Al final voy a llegar tarde! pienso mientras miro el reloj y compruebo que, en realidad, si todo va bien, llegaré media hora antes de la hora pactada.

    Doy la vuelta por las estrechas calles de mi barrio buscando la otra salida. Llego al camino alternativo, en el que hay un semáforo y encuentro cuatro coches parados delante de mí. Espero paciente que se ponga verde, sé que tengo tiempo. Pero el semáforo se pone en ámbar, dando prioridad al resto de coches que circulan por la calle y mi cola no avanza. El semáforo se pone en rojo de nuevo y solo ha pasado un vehículo.

    ¡Madre mía! Han pasado 8 min y no he salido del barrio.

    Dos semáforos después puedo salir y me incorporo a la ronda, faltan 35 min para la hora, llego en 20 min, así que, debería llegar a tiempo.

    Noto que estoy ansiosa. Me estoy empezando a poner de los nervios, mejor dicho, creo que hace rato que estoy nerviosa.

    ¿Qué pasa? Con el crecimiento personal que hace tiempo que hago no entiendo por qué todavía me altero. No puedo controlar lo que me va a pasar, por tanto, debería dejarme fluir. La planificación era buena, no debía estresarme, y lo que pasa en mi exterior esta fuera de mi control. ¿Por qué estoy tan nerviosa?

    Y mientras pienso en ello, veo luces rojas delante de mí, seguidas de lucecitas naranjas intermitentes, que me avisan que los coches están parando de repente.

    ¡Nooooooo! ¿Ahora que pasa? Y si más suelto una carcajada, ahora ya puedo sonreír.

    ¡Respiro! Ahora ya he detectado que estoy desbordada y puedo empezar a gestionarlo.

    No puedo controlar la caravana, los accidentes o los coches averiado. En realidad, no puedo controlar nada, no puede hacer nada más que dejarme fluir con la situación. Además, parece absurdo, si llego tarde no pasará nada, porque mi compañero está allí y puede atender la reunión. Pero…¿Por qué me he sentido así? En realidad, estaba todo controlado sin que yo llegase a tiempo.

    ¿Controlado? Espera que lo vuelvo a pensar ¿Control? Creo que empiezo a entender que es lo que me ha pasado durante toda la mañana: intentar tenerlo todo bajo control. Aunque yo ya sé que yo no tengo el control, mi inconsciente sigue trabajando como siempre.

    Pensaba que lo tenía todo bajo control y en realidad solo tenía una planificación, que podía cumplirse… o no. Y me he puesto nerviosa en cada uno de los momentos en los que me he daba cuenta de que se me escapaba el control de la situación: el cartero, el teléfono, la calle cortada…

    ¿Por qué esa necesidad de preocuparme? ¿Por qué me dedico a sufrir cada vez que sucede algo que no sale bajo mi planificación? Ahora lo veo claro, no son las cosas que me pasan, no es la realidad que me rodea, es que yo quiero tener el control.

    ¿Por qué me engancho al control? ¿Quizás por qué creo que me da seguridad? No lo sé, creo que debo seguir trabajando en ello…y además también debería pensar que no tengo por qué llegar puntual a la reunión, ¿por qué me he generado esa necesidad? Estará bien descubrirlo para poder empezar a dejarme de desbordar.

    De momento, voy a empezar soltando el control.

    Voy avanzando poco a poco con mi coche y me doy cuenta de que llevo la radio puesta y que no la había oído hasta ahora. ¡Y suena una canción que me gusta! Mientras la escucho veo las luces de los coches que parecen bailar al ritmo de la música.

    Miro hacia atrás y me pongo a un lado para que pasen las motos que van más rápido que yo. Y al volver a mirar al frente, veo que luce el sol anunciando que llega el verano y con él, el calor. Y me relajo con la música, aunque en realidad el verdadero relax ha aparecido en el momento en que he soltado.

    Y solo cuando sé que no puedo controlar nada, que tan solo puedo el vivir el momento que vivo como lo vivo, empiezo a dejarme de sentir desbordada por las circunstancias. Ahora siento que vivo y que soy feliz.

    ¿Cómo te has sentido al leer la historia? ¿Eres conscientes cuando te desbordas por intentar tener el control? ¿Te has visto reflejada en tu día a día? ¿Cuándo te sucede una situación similar, piensas que lo que te pasa viene del exterior, de la realidad que te rodea? Espero que esta historia te haga reflexionar que el desbordamiento viene de tu interior y no de las circunstancias que te rodean. Y recuerda que si no todo el mundo lo vive así, es porque lo que tú vives depende solo de tu interpretación. Solo si te das cuenta de cómo vives podrás empezar a soltar el control.

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