Sin saber por qué hago lo que hago, hago cosas sin querer

Harta de sufrir. Silencia tu ruido mental

“Lo he hecho sin querer”, “No me he dado cuenta”, “No sé por qué lo he hecho” … Seguro que son frases que te suenan mucho. En realidad, cuando haces una cosa sin querer inmediatamente te das cuenta de que no querías hacerlo.

Cuando te sucede esto sientes una sensación que recorre todo el cuerpo, presión en la boca del estómago, los nervios que te invaden y no sabes cómo reaccionar frente a lo que has hecho sin saber por qué.

Sin embargo, cuando alguien te hace algo a ti, puede ser que te enfades, te siente mal o que pienses que lo ha hecho a propósito, porque según tu manera de ver las cosas no puede haber otra explicación, no entiendes que el otro no sepa por qué ha hecho lo que ha hecho y simplemente usa el “no sé por qué lo he hecho” como una excusa.

Vamos a por la historia del “no sé por qué lo he hecho”

Hoy nuestra protagonista ha salido con unos amigos a cenar. La cena ha sido muy agradable y todos se sentían de muy buen humor. Estaban comentando entre ellos el funcionamiento de una nueva aplicación de móvil, cuando uno de los amigos sacó su móvil y abrió la app para enseñarla. Ella se acercó al amigo para mirar, mientras se abría la aplicación. Cuando esta se abrió apareció un mensaje en el que se pedía que se seleccionase una opción entre varias y le comunicaba que iba entrar en un sorteo.

Nuestra amiga levantó la mano y automáticamente cerró el mensaje, tocando el móvil de su amigo, diciendo “No caigas en la trampa”, al mismo tiempo que su amigo gritaba “¡Nooo! Es una encuesta y me han contado que te optimiza la app y además te invita a entrar en un sorteo”.

¿Por qué tocas nada? ¡Es mi móvil! No tenías derecho” gritó el amigo. El resto de las personas intentaron tomar partido en la discusión. Algunos dijeron que no había para tanto, que el anuncio volvería a salir, otros defendieron al amigo, diciendo que nuestra protagonista no debería haber tocado el móvil.

“No sé por qué lo he hecho. Lo siento, lo he hecho sin querer”

La fiesta acabó mal. Cuando ella y su pareja se marcharon, su pareja le dijo “No entiendo porque siempre tienes que liarla. ¿De verdad tenías que tocar su móvil?”.

“Lo he hecho sin querer”, repitió por enésima vez mientras bajaba la cabeza y pensaba que no sabía por qué hacía las cosas que hacía. La tristeza y la frustración la llenaron interiormente, mientras caminaba cabizbaja hacia el coche.

¿Por qué no sabemos por qué hacemos las cosas?

Seguramente ya habrás adivinado que nuestra protagonista lo hizo sin querer. ¡Vamos a ver lo que ha pasado!

Este es un buen ejemplo para descubrir el funcionamiento del piloto automático y de las respuestas inconscientes de nuestro cerebro. Nuestro cerebro está preparado para que sobrevivamos y para sobrevivir tiene que responder de manera rápida ante un peligro. Para ello, el cerebro trabaja generando patrones de respuesta inmediata. De esta manera respondemos ante un peligro sin tener que pasar por el pensamiento, ganando tiempo.

Los patrones se generan a través de pensamientos repetidos, o lo que es lo mismo, de las creencias.

Cuando nuestros sentidos captan una situación envían la información al cerebro y este la procesa para comprobar si existe algún registro anterior parecido. Si encuentra alguna situación similar y esta está catalogada como peligrosa, la amígdala (una pequeña parte de nuestro cerebro que se encarga de procesar las emociones) pone en marcha nuestro programa de lucha o huida, preparando a nuestro cuerpo, para poder dar una respuesta rápida frente a lo que considera un peligro. Para cumplir su misión actúa antes de que entre en juego el cerebro racional, ya que este actuaría de forma más lenta. Cuando el cerebro racional queda liberado, solo le queda intentar explicar lo que ha pasado. Pero date cuenta de que debe dar explicaciones sobre algo que en realidad no ha decidido él.

Para acabar de explicar todo el proceso, quiero contarte que, si la situación que captan nuestros sentidos llega a nuestro cerebro y este no encuentra ningún registro anterior almacenado como peligroso, entonces es el cerebro racional el que entra en acción. Esto es lo que sucede cuando sí que somos conscientes de lo que decidimos y, por tanto, sí que sabemos por qué hacemos lo que hacemos.

¿Qué le ha pasado a nuestra protagonista?

La creencia que nuestra amiga tenía interiorizada es que los mensajes que aparecen en los móviles en los que se sortea algún producto, son mensajes fraudulentos que intentan engañarte o craquear tu móvil.

Esta creencia la había interiorizado como una situación de peligro. Por tanto, su amígdala actuó rápidamente para protegerla y ayudarla a sobrevivir, secuestrando a su cerebro racional. En este caso, le hizo  actuar cerrando automáticamente el mensaje que aparecía en el móvil de su amigo, provocando una situación que, en realidad, resultó ser más “peligrosa” para su salud que el hecho en sí. ¡Que paradoja!

¿Y qué hago con mi sensación de culpa?

Imagínate una situación en la que piensas que has hecho algo que no recuerdas haber hecho, pero que crees que lo has hecho tú. Intentas explicar lo que has hecho, pero no puedes hacerlo por qué no lo has hecho tú. Pues eso es lo que le pasa a nuestro cerebro racional, intenta explicar algo que en realidad ha provocado nuestro inconsciente y que no ha decidido él.

Las creencias sociales con las que nos hemos criado nos llevan a sentirnos culpables cuando actuamos saltándonos una norma de educación que nos han enseñado (como puede ser, no tocar las cosas de los demás).

En primer lugar, tenemos que eliminar esa sensación de culpabilidad y después ponernos manos a la obra para detectar las creencias y no volver a actuar en piloto automático, en situaciones parecidas.

Si conocemos qué nos mueve, entonces podremos cambiarlo.

Eso sí, siempre hay que pedir perdón. Aunque no lo hayamos hecho de forma consciente, hemos generado un malestar en otra persona.

¿Y cómo puedo reconocer lo que me mueve?

Lo principal es entender que estos mecanismos automáticos se basan en creencias y hábitos emocionales y que para cambiarlos hay que modificar estas creencias y cambiar los hábitos.

Analiza las situaciones que te hacen sentir mal e intenta averiguar qué has pensado en ese momento. En el caso de nuestra protagonista la creencia es que los mensajes que sortean cosas son fraudulentos.

Detectada la creencia, toca cambiarla. Cambiar la creencia, en esta historia parece bastante sencillo, por ejemplo, podríamos decidir leer bien los mensajes antes de cerrarlos. Pero en nuestro día a día las cosas pueden complicarse o no parecer tan sencillas.

Te recomiendo que intentes empezar poco a poco, detectando y analizando situaciones en las que has actuado sin saber por qué. Empezando por aquellas situaciones que no te generen un gran malestar, ya que la emoción puede impedirte analizarlo de forma neutra.

Piensa como piensas y podrás detectar que hay detrás de tu comportamiento. Luego analiza el porqué de la creencia y reflexiona si tiene sentido. Si no lo tiene, empieza el camino para cambiarla.

No podemos cambiar la manera de funcionar de nuestro cerebro, pero si las creencias que lo mueven.

¿Qué le sucederá a nuestra protagonista cuando intente cambiar?

Imagina que nuestra protagonista decide cambiar la creencia. El primer día leerá los mensajes antes de cerrarlos, y se sentirá orgullosa de como actúa, pero cuando entre en funcionamiento automático, bajo situaciones de estrés o haciendo varias cosas a la vez, volverá a caer en la trampa, o sea, en el hábito y los volverá a cerrar compulsivamente.

¡Eso es normal! Lo importante es darse cuenta, antes, durante o después de hacerlo. Cada vez que lo hagamos consciente estamos trabajando para que no vuelva a suceder.

Al principio puede parecer difícil pero cuando coges el hábito resulta sencillo y acabas analizando las creencias que te mueven y aprendiendo a vivir de otra manera.

En el caso que estamos analizando puede suceder otra cosa, que la emoción asociada a la situación haga cambiar la creencia anterior o genere una creencia nueva: “tocar el móvil de otra persona puede ser peligroso”. Esta es otra clave para cambiar nuestras creencias, asociando una emoción a la nueva creencia que queremos generar.

Si entendiéramos completamente las razones del comportamiento de otras personas, todo tendría sentido

Sigmund Freud

¿Y los demás?

Todos funcionamos igual, con la misma programación mental. Es importante entender cómo funciono yo y reconocer que los demás funcionan igual.

Muchas veces tendemos a pensar, bajo nuestra visión, que es imposible que alguien haya hecho una cosa sin querer, y le damos vueltas y vueltas, y llegamos a pensar que lo han hecho a propósito, para fastidiarnos.

Si alguna persona hace algo que no nos gusta y nos dice que no sabe por qué lo ha hecho ¿Por qué ponerlo en duda? Poniéndolo en duda, solo voy a sentirme mal.

Si paramos y observamos, podemos ver que a veces vivimos a la defensiva sintiendo que todo el mundo nos ataca,  sin siquiera plantearnos si la realidad es así o es la emoción que hemos asociado a ella.

Y, dicho sea de paso, si alguien hace algo que no nos gusta, recuerda que la realidad no es como a ti te gustaría que fuese. La realidad simplemente es como es y tu puedes decidir cómo interpretarla.

Recuerda, tú tienes el poder sobre tus emociones y solo tú decides que hacer con ellas.

¿Seguimos?

Estas historias son simples anécdotas que te cuento para que vayas detectando los comportamientos que te llevan a sufrir o sentirte mal. El objetivo de estas lecturas es llevarte a disminuir el sufrimiento que generan situaciones en nuestro día a día.

Si te gustan las historias espero que sigas leyéndome y yo seguiré escribiendo. Todo son puntos de vista, que quieren llevarte a pensar y reflexionar. Recuerda que estas son mis reflexiones, tú deben encontrar las tuyas. ¿Te animas a compartirlas?

1 pensamiento sobre “Sin saber por qué hago lo que hago, hago cosas sin querer”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Responsable: Gemma Jodas Farrés
Finalidad: La finalidad de la recogida y tratamiento de los datos personales es para gestionar la consulta que realizas en este blog.
Legitimación: Tu consentimiento explícito de que quieres recibir esta información
Destinatarios: Los datos que me facilitas están en mi servidor de web y email OVH y en los servidores de Google Drive, todos ellos que cumplen con la RGPD
Derechos: Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en info@desbordadasanonimas.com así como el derecho a presentar una reclamación ante una autoridad de control.