No es mía, no la quiero

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No es mío, ese enfado no es mío y no lo voy a recoger. No es la primera vez que alguien intenta pasarme su energía negativa para quedarse mejor. Es un acto inconsciente, como lo es recogerla, pasando a ser yo la que se sentía mal. Por fin me he dado cuento de ello.

Estaba sentada en mi despacho cuando sonó el teléfono. Era mi jefa:

―¿Puedes venir un momento? ―dijo con tono nervioso.

Caminé por el pasillo, hacía su despacho, mientras pensaba qué podía haber pasado. Parecía urgente, ni siquiera me había dicho “hola” cuando contesté al teléfono. Cuando entré me estaba esperando con mi informe en la mano.

―¿Se puede saber que es este informe?

Se lo había mandado hacía más de 10 días, ya que tenía entendido que lo necesitaba para esta semana. No esperaba esta pregunta, así que, me quedé bloqueada.

No entiendo que pasa, hice exactamente lo que me pediste ―contesté.

Estaba segura de que había seguido sus instrucciones al pie de la letra.

―¡50 páginas! ¡Tiene 50 páginas y tiene que estar revisado para mañana! ¡Está visto que no puedo confiar en ti!― gritó.

No entendía nada, había hecho lo que ella me había pedido. Me quedé paralizada. En ese momento, tenía dos opciones: callar y aguantar, o contestar y empezar a gritar.

Mientras intentaba morderme la lengua me di cuenta de que tenía otra opción: “no va conmigo” pensé, “este enfado no va conmigo y no voy a cogerlo”

No es la primera vez que me pasa que alguien intenta mandarme su enfado, su energía negativa, su enojo.

Hasta ahora siempre lo había recogido y luego era yo la que me encontraba mal. Gracias al crecimiento personal que he ido haciendo, cada vez lo detecto antes y soy capaz de pararlo a tiempo.

Ella seguía gritando y cómo yo seguía en calma y empecé a oír sus palabra. Me di cuenta de que estaba desbordada, que no había revisado el informe y que ahora tenía que revisarlo, para mañana. El hecho que tuviese 50 hojas la había hecho entrar en pánico y tenía que desahogarse con alguien, y ese alguien era yo.

Algunos de mis amigos me apodaban la persona antiestrés, ya que solía recoger esas energías negativas de mis compañeros de trabajo. Pero eso era antes, ahora no, ahora mientras ella intentaba que yo perdiese los nervios, yo iba diciéndome interiormente, que ese enfado no era mío y que yo no iba a recogerlo.

La luz del sol que entraba por su ventana alumbraba los botes de metal que tenía en su mesa. Los botes brillaban claramente, como si me quisieran mandar un mensaje, su luz, su energía blanca y positiva llegaba a mi cómo si quisieran abrazarme en esta nueva calma

―¿Has acabado? ―respondí, mientras ella me miraba perpleja ―. Si quieres que haga algo, solo tienes que comunicármelo ― le dije mientras salía por la puerta, intentando ocultar la sonrisa que afloraba en mi mente.

Caminé por el pasillo. Mientras observaba las puertas, algunas abiertas, otras cerradas, que daban paso a los distintos despachos, mis pensamientos, sin yo querer, me trajeron antiguos recuerdos de situaciones parecidas. Recuerdo enfados, lloros, tristeza, frases que comentaba con mis amigas: “ Había hecho lo que ella me había pedido”, “Me lo escribió por correo y ahora dice que no”, “Intenté explicárselo pero cada vez que le decía algo me salía con algo distinto” “No me merezco esto” “Tengo ganas de llorar” ”estoy muy enfadadoa”…y al final del día, acabar dándole vueltas y vueltas a la historia, repasando una y otra vez la situación, pensando qué había pasado en ese despacho, en el que probablemente siempre había entrado esa luz del sol que hacía brillar los botes de metal, que antes solo veía oscuros.

Suerte que ahora me doy cuenta de que no tiene sentido entrar en este tipo de discusiones, en las que nunca voy a tener razón, porque ni siquiera se busca la razón, ya que no son discusiones si no un mero intercambio de energía negativa acumulada.

No la quiero, no es mía― grité mentalmente mientras pensaba que bien me sentía hoy.

Mi paz interior no es negociable

¿Te has sentido alguna vez así? ¿Con tu jefe, con tu pareja, con tus hijos? Muchas veces nos encontramos en este tipo de situaciones y queremos controlarlas desde el pensamiento, cuando el razonamiento no sirve de nada porque es meramente un enfado emocional.  No sirve de nada tener la razón, ni siquiera intentar dar explicaciones, lo mejor es pararse, intentar comprender que la persona que tienes delante no sabe que hacer con  esa energía negativa y intenta eliminarla  pasándotela a ti. No la cojas, no es tuya. No intentes ganar con la razón intenta ganar con tu paz interior.

 

 

 

 

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5 comentarios en «No es mía, no la quiero»

    1. Aunque cualquier parecido con la realidad es pura conciencia, ahora realmente las situaciones en mi vida son así. Hay otra manera de vivir y …¡Es una pasada! Gracias por tu comentario. Un abrazo

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