Rueda de WhatsApps

    Autoconocimiento. Desarrollo personal. Silencia tu ruido mental

    Estoy inmersa dentro del caos y no soy consciente de ello.

    Han pasado pocos días desde que empezamos a trabajar, hemos dedicado dos días a explicarnos las vacaciones y ¡ya estamos otra vez como siempre! No sé si son los desánimos de todos o que casi hay luna llena y nos afecta al humor. Verdaderamente, aunque ha pasado el verano ni nadie ni nada ha cambiado. El que pasa de todo y simplemente viene a calentar la silla, sigue de vacaciones, como el resto del año. El que quiere que todo se haga bien, no se ha relajado durante estos días, o al menos, no lo parece. El social, que siempre necesita un café o un tentempié y que tiene la máquina de vending como su mejor aliada, se permite pasear con calma usando esa excusa. El que necesita ayudar y lo hace todo él, ya está tan estresado como siempre. Y el que nunca habla, sigue allí, ni siquiera sabemos si ha marchado de vacaciones.

    Y así vamos pasando los días, quejándonos de que necesitamos vacaciones de nuevo y criticándonos los unos a los otros porque las cosas no son como nos gustarían que fuesen.

    Y después de una semana muy dura, ¡por fin es viernes y los voy a perder de vista hasta el lunes!

    Hoy tengo clase de salsa. Una de mis pasiones es el baile. Sin embargo, cuando llego a casa, siento que no puedo más, ¡qué cansada estoy! Llevo en pie desde las 6h de la mañana. No sé si voy a aguantar. En estos momentos es cuando me arrepiento de haberme apuntado al curso.

    Tengo un poco de tiempo antes de salir hacia la clase, así que, me siento en el sofá mientras meriendo un poco.

    Claro que, si lo pienso fríamente, me doy cuenta de que la única opción que me queda es quedarme en el sofá mirando Netflix, o ponerme a hacer quehaceres domésticos como una loca. Bueno, entonces, tampoco parece tan mala opción ir a bailar, aun teniendo en cuenta lo que me duelen las piernas.

    Cuando bailo me siento viva, no hay momento más bonito y divertido, muchas veces siento que no estoy, y aunque mi cuerpo parece quedarse en la tierra, mi cabeza deja de pensar y siento que desaparece en algún lugar sin nombre. Dicen que eso se llama meditación activa.

    Antes de entrar en clase me doy cuenta de que tengo un montón de mensajes de WhatsApp. Entre mis grupos de WhatsApp tengo un grupo en el que estamos todos los amigos y otro donde estamos la cuatro chicas de ese grupito que somos más amiga.

    No sé si te sucede a ti también, pero muchas veces se crean grupos de WhatsApp que parecen reproducirse con una facilidad espantosa dando lugar a grupos más pequeños, para poder hablar sin que se enteren el resto.

    Me doy cuenta de que ha sucedido algo en el grupo de amigos, y que hay una doble conversación en el grupo de mis amigas, “las 4 punto y aparte”. ¡Vaya lío! Estoy demasiado cansada para pensar en ello, así que escribo un mensaje: “Chicas, luego os leo, que entro a clase de salsa” y dejo el móvil.

    La recepcionista levanta la cabeza al ver que entra alguien.

    ― ¡Guau! ¡Qué cara de cansada que haces! ―dice al verme

    ― La verdad es que creo que hoy el termómetro indicará: “demasiado cansada para dejarla entrar” ―añado mientras ella me toma la temperatura como medida preventiva para dejarme pasar al centro.

    Acaba la clase, me despido de mis compañeros y salgo a la calle. En ese momento me doy cuenta de que estoy muy contenta. La clase de salsa, al contrario de lo que me había parecido antes de salir de casa, ha sido genial. ¿Cómo se puede estar menos cansada después de haber estado bailando 1h, que antes de entrar? Me siento feliz, no puedo negar que también estoy reventada, pero ese cansancio que tenía al entrar ha desaparecido y mi mente se encuentra tranquila y en paz. Voy caminando con esta sensación mientras cojo el móvil de nuevo.

    Ha pasado poco más de una hora desde que lo he guardado y ahora hay más de 100 mensajes entre los dos grupos. ¡Qué locura! Me estreso con tanto mensaje y no suelo leerlos, ¿Te has detenido a pensar que pérdida de tiempo representa leer todo esto?

    Pero, por otro lado, tengo algo de curiosidad, así que, decido escuchar los audios de “las 4 punto y aparte” que aún siguen hablando.

    Hay un montón de audios, así que me pongo los auriculares y empiezo a escucharlos. Los WhatsApps siguen llegando, y como más leo, más me queda por leer ¿Cómo puede ser esto?! ¡Qué locura!

    Llega el autobús, subo y tomo asiento. Me decido escuchar los audios a velocidad x2, tengo que reconocer que no me entero de la mitad de las cosas, pero es la única manera de poder coger el hilo de la conversación para poder participar.

    Y aunque no me doy dando cuenta, se está desvaneciendo mi paz. La velocidad a la que oigo los audios acelera mi cerebro, y mi percepción de las cosas va cambiando. Además, todo lo que oigo son interpretaciones negativas de los hechos, me empiezo a enfadar y me sumo a las críticas y las quejas de mis amigas. Me estoy poniendo de mal humor al escuchar lo que cuentas las chicas, sin ni siquiera saber lo que está pasando en el otro grupo. Pero yo ya me he hecho la idea, porque siempre pasa lo mismo y yo ya lo sabía. Me siento cada vez más enfadada.

    Estoy llegando prácticamente a casa y por fin, escucho el último audio.

    Me levanto para bajar del autobús con la idea de leer los mensajes del otro grupo y contestar con mi opinión. ¡Se van a enterar!

    Pero al bajar del autobús me llama la atención una luz. Y allí está ella, en el cielo, esa luna que brilla e ilumina el mar mostrando un camino de plata que parece invitarte a andar sobre el agua, para viajar a la eternidad. Todavía no está llena pero su visión es espectacular. Parece llamarme, para recordarme que otra manera de vivir es posible, con más paz, más tranquilidad.

    Y me doy cuenta de que he perdido mi paz al entrar en una rueda de energía negativa, como mis amigas. Una rueda en que, al empezar a rodar, cada vez genera más mal humor.

    Me acerco al paseo marítimo y puedo escuchar el mar, se aleja, se calla y de repente vuelve a hablar. Y me quedo hipnotizada por la imagen, y me voy otra vez, por unos segundos, allí donde estoy cuando voy a bailar.

    Y entonces decido que lo puedo compartir con mis amigas, que todavía están alterada. Y mando una foto y grabo un mensaje con el sonido del mar.

    Y de repente, la conversación empieza a cambiar. Y se rompe esa energía, y hablamos de la luna, del mar y de la gente que hay en la playa.

    Y siento que acabo de aprender que hay cosas por las que no vale la pena perder mi paz.

    Y descubro que a veces puedes ayudar a los otros a encontrar su paz, rompiendo un ciclo de conversaciones negativas.

    Y vuelvo al WhatsApp y encuentro un mensaje de una de ellas que me dice que ha sido genial y me da las gracias por haberlo compartido.

    Y así me hago consciente de que las personas compartimos mucho más de lo que nos damos cuenta.

    Y que fácil es dejarse llevar por las emociones y energías de los otros sin que seamos conscientes de ello. Al compartir emociones positivas estas crecen de forma exponencial, en los otros y en ti. Pero que esto también ocurre con las negativas.

    Y ahora que lo pienso, ¡esto también es lo que ocurre en mi trabajo!

    Y vuelvo a mirar esa luna y le pido que me ayude a ser consciente de estos momentos, para darme cuenta y no dejarme llevar y así no perder mi paz.

    ¿Te ves reflejada en esta historia? ¿Te dejas llevas por las energías de los que te rodeas sin se consciente de ello y cuando te das cuenta ya es tarde?

    Espero que esta historia te recuerde que puedes salir de la rueda de emociones negativas y no dejar que nada se lleve tu paz. Y que te anime a que dejes fluir tus energías positivas, para compartirlas con los demás, no solo para que ellos estén mejor, si no porque así, tú también aumentarás tu bienestar.

     

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