SOBRE MÍ

Autoconocimiento. Desarrollo personal. Silencia tu ruido mental

Mi nombre es Gemma y hasta hace poco me describía como Doctora en Química Orgánica. Experta en Microbiología Cosmética y miembro del comité ISO CTN 84/SC 2/GT 12, con mucha experiencia en el mundo del control de calidad.

Ahora me encanta decir que soy profesora de instituto y formadora en el campo del crecimiento personal.

Creo que dar unos toques de la ciencia del cerebro al mundo del crecimiento personal, proporciona un conocimiento muy útil, que facilita el camino, para llevar a cabo grandes cambios en nuestra vida. 

Mi proceso

Desde pequeña me encontré en un mundo doloroso y lleno de pérdidas, a mi madre le detectaron un cáncer cuando estaba embarazada de mi hermano, yo tenía dos años. Mi hermano llegó a nacer pero murió con 15 días, y ella murió, cuando yo tenía 6 años. Allí empezó mi primer contacto con los psicólogos. Mi padre se marchó a vivir a otra ciudad y se casó de nuevo, se quedó a vivir lejos de mí. Yo me quedé viviendo con mi tía materna, a quien le detectaron un tumor cancerígeno cuando apenas habían pasado 2 años, y un segundo tumor, 9 meses después. Mi tía sobrevivió, y yo recuerdo, sobretodo, los efectos secundarios de la quimioterapia. Allí empezó mi primer contacto consciente con la dureza de la vida.  En mi infancia tuve espasmos nerviosos, en mi adolescencia epilepsia, en mi juventud migrañas.

Me apasionaba ser profesora, y estudié la carrera de Química para dedicarme a la enseñanza. Como también me gustaba la investigación decidí hacer el doctorado y lo hice en una empresa. Cuando acabé el doctorado continué trabajando en la empresa donde me doctoré, no me atreví a salir de mi zona de confort arrastrada por la necesidad de dinero, dos hijos, un divorcio, etc

Con un divorcio, y dos hijos pequeños, el contacto con los psicólogos y las terapias alternativas, en la búsqueda de una solución para los problemas, me fue acompañando. Aquí empezó mi primer contacto con el sentido de la vida.

La vida pudo conmigo, me desbordé intentando ser una ”super woman”, llegando a todo como si fuera padre y madre, y además una buena trabajadora. En el intento de querer ayudar a mis hijos lo único que conseguía era perderlos, y en el intento de querer ayudar a mi equipo y a hacer las cosas bien en mi mundo laboral y profesional, lo único que conseguía eran mala caras y quejas. No entendía cómo podía estar tan desbordada, ponía todo mi empeño, hacía un montón de cosas y tenía la sensación de hacerlo mal, cuando mi única voluntad era hacerlo todo bien, me sentía frustada.

Entonces entré en crisis, sólo quedaba una solución, quería morir, estaba harta de vivir así. Un día estallé, sentí como si mi corazón hubiese estallado en mil pedazos como un vaso de cristal que explota en mil trocitos que se reparten por todo su alrededor. Después de unos días me di cuenta de lo que había pasado, fue como si todo lo que había aprendido en el mundo de crecimiento personal lo entendiera de golpe en mi cabeza, y empecé a remontar.

Había hecho cursos sobre desarrollo directivo y liderazgo, formaciones sobre Programación neurolingüística (PNL), sobre feedback, inteligencia emocional, la generación de los hábitos, formaciones sobre test de personalidad: la tipología de Jung (MBTI), la prueba de Lüscher, cursos de Eneagrama, etc. Había tenido contactos con el mundo de la regresión y la hipnoterapia, y con el budismo y taoísmo. Entonces, empecé a unirlo todo.

Mi mentor me había ayudado a sobrevivir, pero tenía que ser yo, todo estaba en mí y no fue hasta que toqué fondo y me levanté que lo entendí todo. Empecé a profundizar en el mundo del autoconocimiento, como camino a la paz interior. Entendí porque no conseguía que mi mundo, al que quería ayudar, no estaba contento conmigo. Entendí porque todo me pasaba a mí. Entendí porque era la víctima de mi vida. Entendí porque pensaba que todo me iba mal, como si de una maldición se tratara. Entendí mis comportamientos y mis hábitos. Entendí el qué y el por qué de todo lo que me pasaba. Y me liberé.

Y entonces, aquel corazón que se había roto en mil pedazos, empecé a sentirlo como un corazón inmenso, grande, lleno de amor y de paz.

 

Lo que quiero compartir

Ahora sé que tengo que compartir, con las mujeres que se sienten como yo, el camino hacía esta tranquilidad. Dicen que no cambias hasta que tocas fondo, hasta que el sufrimiento es tan grande que tienes la necesidad de cambiar, pero yo estoy segura de que no es necesario hundirte del todo. Sólo tienes que querer y saber cómo. Yo puede explicarte el cómo. Tú tendrás que realizar el resto.

¿Para qué? Para no llegar a tocar más fondo del que ya has tocado, por que siempre se puede caer más y más… ¿tienes claro que no es necesario sufrir tanto?

El “para qué” más importante es el ¿Para quién? Para ti, porque con este proceso de autoconocimiento podrás conseguir vivir tu día a día sin desbordamiento y en paz.

Cuando lo entendí todo, no cambió la realidad, pero sí que cambió toda mi vida.

Cansada de luchar. Silencia tu ruido mental



Existe otra manera de vivir