Verbena de emociones

desbordada

Me gusta andar. Hoy he salido a pasear y estoy volviendo a casa. Llevo los auriculares puestos y voy escuchando música tranquilamente. De repente veo una caseta de petardos y me viene una idea a la mente: “En pocos días será la verbena de San Juan. ¡No lo recordaba!”

Unos días antes de la verbena se colocan en distintos puntos de la ciudad, de forma estratégica, casetas de venta de petardos. Allí se venderán todo tipo de fuegos pirotécnicos que detonarán, para llenar las calles de ruido, o que harán brillar el cielo, en la noche de verbena. Para celebrar, así, el solsticio de verano y la noche más corta del año.

Mis pasos me llevan a pasar por delante de la caseta, en este momento cerrada, y recuerdo cuantas emociones había sentido al descubrir, en años pasados, que estaba colocada en el mismo sitio anunciando la verbena.

Y como buscando en el baúl de los recuerdos, me veo de niña, la caseta me decía que ya era un año mayor, y que quizás ese año, por fin, mi madre se decidiría a comprarme algún petardo más potente que las simples bombetas y bengalas que me había comprado hasta entonces. A ella le daban miedo y siempre me prometía que, al año siguiente, cuando fuese un año mayor, me compraría algo mejor. Esperanza e ilusión, y un poco de miedo a la decepción aparecían en mí, al ver que estaba la caseta ya estaba puesta.

―¡Por fa, por fa, me comprarás petardos! ―le suplicaba repitiendo constantemente la frase mientras cenábamos esa noche.

Y me hice mayor, y llego el momento en que los petardos los podía comprar yo y el concepto de petardo más potente, había cambiado. Entonces al ver la caseta, pensaba: “Oh no! Odio la verbena. Se avecina peleaaaa”. Recuerdo que a mi pareja le gustaban mucho los petardos, cuanto más grandes y potentes, mejor. No le importaba el dinero que le pudiesen costar. Y además, la verbena solía acabar con una gran borrachera que le hacía insoportable. No me apetecía nada.

Y sonreí al recordar que cuando llegaron los hijos todo cambió. Volví a comprar bombetas, pero no eran para mí. Las verbenas se convirtieron en una noche divertida. Todos los padres bajábamos a la playa a cenar, al empezar el atardecer, al lado del mar. Tirábamos petardos. Los niños corrían, jugaban, reían. Ver la caseta me hacía pensar en que nos teníamos que empezar a organizar y en lo bien que me lo iba a pasar.

Pero los niños crecieron y llegó el momento en que ellos querían tirar petardos. Y ver la caseta me ponía los pelos de punta, había niños bastante tremendos y me daba miedo. Solo verla ya tenía ganas de que acabara esa noche, sin que sucediese nada. No quería salir en las noticias de la tele al día siguiente.

Y se hicieron adolescentes, y la cosa empeoró. Ya no podía controlar lo que hacían esa noche. Y al ver la caseta, ahora el miedo se había convertido en terror, no solo a los petardos si no a las noches peligrosas, noches de descontrol, fiesta, aglomeraciones y alcohol.

Y ahora, que ya sé que no controlo nada, veo la caseta y no siento ninguna emoción.

Y pienso, que es lo mismo que siempre, una caseta, un punto de venta de petardos, que siempre ha estado aquí, en estas fechas. Una caseta que me ha hecho sentir esperanza, decepción, alegría, enojo, ira, miedo, terror y ahora me doy cuenta de que no es la caseta, sino que soy yo.

Había oído decir muchas veces que la realidad cambia cuando tu cambias, pero nunca lo había entendido. Y ahora todo tiene sentido, porque mi realidad no es lo que veo, sino que es mi interpretación.

Y ahora observo la caseta y tan solo veo un punto de venta de petardos. Y recuerdo que se acerca San Juan. Y sé que la realidad es perfecta cuando mi interpretación también lo es.

Y en esta verbena, el sonido de los petados llenará el ambiente y los fuegos iluminaran el cielo. La gente desbordará la playa donde una luna prácticamente llena iluminará el mar, marcando un camino de plata que, parecerá que quiera llevarnos hasta la eternidad. Noche de fuego y brujas, ¿qué deseo se cumplirá?

En esta historia quiero enseñarte que tu realidad cambia cuando cambias tú, porque cambia tu interpretación.

Esta interpretación se basa en creencias, pensamientos y sentimientos.

Cuando no te gusta tu realidad, intentar averiguar porque estás haciendo esa interpretación. Así encontrarás que te mueve y entonces podrás empezar a cambiarlo.


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2 comentarios en «Verbena de emociones»

  1. Es cierto que la realidad cambia según la veas tú y el momento en el que te encuentres.

    Quedarse con lo mejor quizás sea lo más acertado en estas situaciones no te parece ?

    1. Hola Natalia,
      Muchas gracias por tu comentario! En realidad no se trata de quedarse con ninguna de las situaciones, se trata de observar que la realidad es neutra, en este caso, una simple caseta de petardos. Lo que sucede es que nosotros le asociamos una emoción a esa realidad con ayuda de los recuerdos o creencias que en ese momento tenemos más presentes. La historia quiere ayudarte a que te des cuenta que la caseta no tiene nada que ver con lo que sientes, esa es tu interpretación.
      Si comparas la realidad que vives (el atasco que has encontrado, el como te habla tu jefe, la lavadora que se ha roto, la pelea con tu pareja, etc…) con la caseta podrás darte cuenta que esa realidad también la vives con la emoción que asocias según las creencias que tienes en ese momento pero que la realidad es neutra. De esta manera puedes empezar a darte cuenta que la realidad que te rodea no es mala o te desborda, si no, que lo que te desborda es tu interpretación de la realidad.
      Un abrazo

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